Mostrando entradas con la etiqueta miedos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedos. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de julio de 2013

La venda en los ojos

Discriminación, explotación, exterminio, maltrato, fascismo, esclavitud, manipulación, engaño, usura, hacinamiento, agonía consentida, marginación, cosificación, especismo, sexismo, xenofobia… me duelen los ojos de mirar violencia; me duele el ánimo de saberme impotente. Mi motivación flaquea ante los altos muros pétreos que no ceden ni un centímetro. Unos pocos se romperán los huesos golpeando con puños, cráneo y piernas mientras los más subsisten a su sombra. Yo ya me he cansado de soñar con ser mártir: no puedo ser feliz con los ojos descubiertos, encontrándome en los Otros, en el terror de sus vidas y en mis miedos propios. Todavía eventualmente me dejo las uñas arañando a mi espalda la gravilla, pero ya nunca miro al frente, tan sólo hacia la hierba –allí no veo los límites ni salpica la sangre-. El escarabajo vaga entre las briznas ajeno a los otros mundos: no querrá ascender los muros ni expropiarán sus tierras, tal vez nadie lo pise ni se lo encuentre un ave. 

Si amurallan el suelo quizás cierre los ojos –la oscuridad es insondable, no hay cercos que la opriman- y aunque me griten cobarde, quizás ya no los abra.

jueves, 30 de mayo de 2013

Hang-over

De mi piel hacia fuera hay otras pieles. 
Otros yoes que me juzgan sin estar en mi piel, 
y me aterran. 
De mis ojos a los suyos hay abismos 
de preguntas 
que las miradas no aclaran 
y a veces incrementan. 

Entre palabras y silencios 
caben mil ambigüedades y mentiras 
que casi siempre se ocultan 
y yo busco sin pausa 
y sin certezas. 

Busco por miedo a que mis taras 
sean mayores a mis miedos 
y no pueda verlas, 
a que tus juicios sean tan duros 
como ve mi autoconsciencia. 

Busco para ratificar si el ridículo
se mantiene o acrecienta.

viernes, 3 de mayo de 2013

Deficiencia emocional

 

Había una vez una niña miope que no podía adaptar su agudeza visual a la media poseída por el grueso de los individuos de su entorno. No existían lentes ni lentillas, pues la mayoría de la gente no interpretaba sus dificultades como una limitación física, sino como un acto de pereza, juzgándolo moralmente. Algunos decían que esa gente sólo fingía mayor dificultad para obtener un trato preferente; otros abogaban por castigar a sus hijos miopes cada vez que hacían algo mal poniendo como excusa no haberlo visto o reconocido bien.

La niña caminaba cada día con la cautela de un herbívoro, esquivando las manchas que intuía cercanas para intentar adaptarse a la forma de desenvolverse por el mundo de aquéllos que no tenían sus trabas. Reconocía por costumbre algunas formas borrosas, permitiéndole adelantar su reacción desde mayor distancia. Otras, sin embargo, eran nuevas para ella.

Pese a todo, a menudo chocaba sin querer con la gente y ésta no tardaba en recriminárselo más o menos duramente. A pesar de sus explicaciones y disculpas muchas veces la acusaban de ser una idiota que buscaba hacerse la graciosa molestando a la gente. Alguna que otra vez la habían tachado de egoísta: “ya, mucho no ver bien pero luego te gusta que los demás te vean a ti y no choquen contigo, ¿no? Pues ten respeto y correspóndelos”.

Con sus amigos la situación no era muy distinta. Pese a que la mayoría la creía y trataba de apoyarla en sus dificultades visuales, no siempre les era fácil comprender ciertas reacciones por culpa de sus limitaciones. Entre otras cosas, había tenido problemas varias veces con amigas que se habían enfadado con ella por no haberlas saludado por la calle, pues no había podido reconocerlas. Otro amigo se enfadó por no haberlo avisado de que había tenido la cremallera del pantalón abierta durante toda una conferencia: “no pude verlo, de verdad” “ya, pero otras cosas más lejanas bien que las ves, ¿no? Qué casualidad”.

Ahora sustituye esa miopía física por una empático-socializadora y de reciprocidad emocional. Y ponte en mi lugar.

domingo, 31 de marzo de 2013

Surcos

 
Cada línea es un insulto; 
cada punto un grito 
de auxilio 
ahogado en mi cuerpo. 

Duelen más las palabras
que los surcos 
cuando culpo de mis marcas 
al ego insaciable de una niña 
que aislada en mi cabeza 
(en perpetua cuarentena) 
sólo busca atención.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los espejos deformados

Creía que era buena al mirarme en tus ojos
(sin malas intenciones, mentiras o contrastes), 
que era en ti mejor persona que en mí 
y quizás me equivocaba al restregarme en el barro; 
pero ya no me veo 
correspondida en bondad,
sino apoyada 
en mi caza de brujas personal. 
Ahora veo en tu pupila una imagen 
tan más turbia 
que la que habita en mi cabeza. 
Y por eso me duele(s). 
Pero la culpa es mía, 
por necesitar 
que alguien crea en mí 
para poder creer en mí misma.

viernes, 8 de febrero de 2013

"¿Por qué lloras?"

A veces me preguntan por qué lloro y no sé qué contestar. Hace cuatro horas intenté redactar un texto y no pude. Sí, lo sé, una razón estúpida como para hundirme intermitentemente durante cuatro horas… pero es que esa no es la causa de mi llanto, sino sólo el origen de la bola de nieve –que siempre suele ser una nimiedad. Mi tolerancia a la frustración es muy pequeña y mi sentido de la culpa mayor de lo que me gustaría. 

Ahí empieza todo. 

Me obligo a tragarme la angustia y empezar lo que prometí acabar, como el padre despótico que con menos de dos cifras me obligó a sentarme durante media hora frente a la tabla del siete. Pero en ninguna de las dos situaciones logré más que dejar caer las lágrimas sobre el papel o el teclado. 

Así se desarrolla el origen. 

Después de eso maldigo, me insulto por egoísta y pusilánime y miro a la pared con la culpabilizadora idea de estar malgastando el tiempo: “y bueno, si no quieres hacer esto, ¿por qué al menos no estudias, idiota?” y ahí la cargada nube de malestar vuelve a estallar en llanto recordando cuánto odio mi carrera, los cientos de páginas estúpidas que debo memorizar, las largas horas de largos discursos que me resultan totalmente irrelevantes… y el hecho de que no tengo otra alternativa mejor, y sólo me queda aguantarme y continuar. Entonces busco un hombro, un abrazo, un beso, una mano que agarrar para sentirme apoyada… y tampoco la encuentro. Y lloro aún con más fuerza ahogando los gemidos en la almohada. 

Así continúa todo. 

A partir de ahí sale toda la mierda a flote, aquella ignorada, tapada, aparentemente olvidada o irrelevante… y lloro hasta por una bofetada de junio del 97. Y cuando ya no me queda más por lo que llorar no dudo en inventarme los motivos. Mi imaginación me enfrenta con falsos presentes y futuros distópicos, no sé por qué motivo, que desarrollo con total precisión de detalles. Y lloro por un amigo que morirá. Y lloro por una vida paralela en la que soy víctima de la trata. Y lloro por un futuro en el que acabaré siendo adicta a la heroína. Y lloro por un futuro en el que no tendré trabajo, dinero ni un techo bajo el que resguardarme… 

Así se mezcla y desarrolla todo. 



¿Que por qué lloro? Por todo lo pasado, presente, futuro e inexistente.

sábado, 13 de octubre de 2012

(Me) Desconozco

Tampoco yo sé lo que busco
allá dondequiera que escapo.
No sé si está fuera o en mí;
si llega, lo busco o lo atrapo.

No sé si de mí no sé nada
o si sé más allá de aquel margen
en que podría ser ingenua y feliz
sin miedo a culparme.

No sé si sé amar
o me engaño.
No sé si a mí misma
me odio o alabo.

Y no sé, mucho menos,
avanzar sin los ojos cerrados;
caminar con mis pies sin muletas
que me guíen el paso.

Sólo (a veces) sé matar al tiempo
e ignorar los disparos.


domingo, 8 de julio de 2012

Autodestrucción rutinaria

Me cuesta lo mismo soltar una lágrima que una sonrisa, y suelo elegir la sonrisa. Sólo a veces algún pequeño evento impredecible me susurra al oído que la otra elección es más correcta, o quizás que, más allá de la idea de verdad o corrección, lo que toca esta vez es el llanto. A menudo siento que me gusta demasiado la sensación de ser una sufridora, una víctima y marginada social. El dolor, la enfermedad, la decadencia y la tristeza me resultan dolorosamente atractivos, quizás por complejo de antihéroe romántico. Me hago cortes psicológicos en las muñecas ligeramente profundos pero nunca verticales, pues sólo me engaño a mí misma de forma muy poco eficiente con la idea de querer destruirme, pero sólo quiero llamar la atención, alimentar mi ego con la preocupación ajena. Mi problema no es ignorarlo y que me ocurra o conocerlo y evitarlo, sino saberlo y no poder impedirlo, saberlo y odiarme por ello, humillarme cada vez que sufro emocionalmente aparentemente sin motivo hasta el punto de acabar llorando por la agresión psicológica que yo misma me causo. Quizás ese sea también un mecanismo para tener al menos algo por lo que llorar, aunque sea el ser tan patética de hacerlo.


domingo, 8 de enero de 2012

Instantánea eternidad

Cientos de elogios se esfuman con una sola réplica. Nunca es suficiente; nunca estarás suficientemente acompañada o suficientemente completa. El rechazo u obstáculo son el pulgar y corazón que voltea el reloj de arena. Y entonces todo se invierte una vez más, con vistas a una eternidad en retrospectiva: la abundancia de risa era de llantos, las ocupaciones eran sólo sucedáneos vacíos de compromiso, la soledad es glacial y perpetua.

Poco a poco se precipitan los granos de arena, a una velocidad variable en función de la profundidad del foso en que me hundo. Poco a poco se va desvaneciendo la angustia para sucederle la culpa y la vergüenza: la autodesacreditación por convertir en eternidades el instante vacío de la base de un reloj de arena.


lunes, 29 de agosto de 2011

Ansiedad

Sentimientos degradados en palabras estériles se consumen en un humo corrosivo de plástico calcinado. Los notas, los inhalas con dificultad y sientes como descienden hasta atascarse en la laringe. Ahí forman nudos, una presión palpable en la garganta que concluye en garras que enraízan en la carne débil, sangrante, y en la carne más débil de tu psique. Son los quiero-y-no-puedo, los miedos impuestos, la impotencia. Clavas las uñas en tu cuello oprimiendo la nuez: prefieres la asfixia física. Luchas también por arrancarte el tumor antes de que se extienda. Tensas los músculos y aprietas los dientes. Y bocetas una sonrisa ficticia: tensar contra la presión en la laringe no es más que el simbolismo de luchar contra la presión real. Tu sucedáneo de vida real.

Y lo sabes, pequeña cobarde.

lunes, 18 de julio de 2011

Inmersión



Miro os meus ollos na auga reflectidos
deformadas as formas no cristal convexo;
escorrega o meu corpo fundíndose entre as bágoas 
e o silencio me acouga nos fríos brazos do medo.

martes, 14 de junio de 2011


No te vayas ahora.
No te alejes creyendo que dueles.
No traduzcas un llanto en reproches
cuando tú los evitas,
cuando todo es más fácil contigo
y menos amargo
y menos vacío.

No te alejes ahora,
no olvides
que por cada torrente de llantos
derramé veinte ausencias
y vendrán diez olvidos.

No me dejes, ahora,
buscándote a tientas
a través de un archivo de letras
que ya no me abracen
o rebatan
o me miren con mueca de niño
reprochándome abrir la nevera
u olvidarme un abrigo.


Que diecisiete veranos sempiternos
huellan más en mi estima
y son más tristes
que una alterna alegría.