A veces me preguntan por qué lloro y no sé qué contestar. Hace cuatro horas intenté redactar un texto y no pude. Sí, lo sé, una razón estúpida como para hundirme intermitentemente durante cuatro horas… pero es que esa no es la causa de mi llanto, sino sólo el origen de la bola de nieve –que siempre suele ser una nimiedad. Mi tolerancia a la frustración es muy pequeña y mi sentido de la culpa mayor de lo que me gustaría.
Ahí empieza todo.
Me obligo a tragarme la angustia y empezar lo que prometí acabar, como el padre despótico que con menos de dos cifras me obligó a sentarme durante media hora frente a la tabla del siete. Pero en ninguna de las dos situaciones logré más que dejar caer las lágrimas sobre el papel o el teclado.
Así se desarrolla el origen.
Después de eso maldigo, me insulto por egoísta y pusilánime y miro a la pared con la culpabilizadora idea de estar malgastando el tiempo: “y bueno, si no quieres hacer esto, ¿por qué al menos no estudias, idiota?” y ahí la cargada nube de malestar vuelve a estallar en llanto recordando cuánto odio mi carrera, los cientos de páginas estúpidas que debo memorizar, las largas horas de largos discursos que me resultan totalmente irrelevantes… y el hecho de que no tengo otra alternativa mejor, y sólo me queda aguantarme y continuar. Entonces busco un hombro, un abrazo, un beso, una mano que agarrar para sentirme apoyada… y tampoco la encuentro. Y lloro aún con más fuerza ahogando los gemidos en la almohada.
Así continúa todo.
A partir de ahí sale toda la mierda a flote, aquella ignorada, tapada, aparentemente olvidada o irrelevante… y lloro hasta por una bofetada de junio del 97. Y cuando ya no me queda más por lo que llorar no dudo en inventarme los motivos. Mi imaginación me enfrenta con falsos presentes y futuros distópicos, no sé por qué motivo, que desarrollo con total precisión de detalles. Y lloro por un amigo que morirá. Y lloro por una vida paralela en la que soy víctima de la trata. Y lloro por un futuro en el que acabaré siendo adicta a la heroína. Y lloro por un futuro en el que no tendré trabajo, dinero ni un techo bajo el que resguardarme…
Así se mezcla y desarrolla todo.
¿Que por qué lloro? Por todo lo pasado, presente, futuro e inexistente.
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