Sentimientos degradados en palabras estériles se consumen en un humo corrosivo de plástico calcinado. Los notas, los inhalas con dificultad y sientes como descienden hasta atascarse en la laringe. Ahí forman nudos, una presión palpable en la garganta que concluye en garras que enraízan en la carne débil, sangrante, y en la carne más débil de tu psique. Son los quiero-y-no-puedo, los miedos impuestos, la impotencia. Clavas las uñas en tu cuello oprimiendo la nuez: prefieres la asfixia física. Luchas también por arrancarte el tumor antes de que se extienda. Tensas los músculos y aprietas los dientes. Y bocetas una sonrisa ficticia: tensar contra la presión en la laringe no es más que el simbolismo de luchar contra la presión real. Tu sucedáneo de vida real.
Y lo sabes, pequeña cobarde.
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