Discriminación, explotación, exterminio, maltrato, fascismo, esclavitud, manipulación, engaño, usura, hacinamiento, agonía consentida, marginación, cosificación, especismo, sexismo, xenofobia… me duelen los ojos de mirar violencia; me duele el ánimo de saberme impotente. Mi motivación flaquea ante los altos muros pétreos que no ceden ni un centímetro. Unos pocos se romperán los huesos golpeando con puños, cráneo y piernas mientras los más subsisten a su sombra. Yo ya me he cansado de soñar con ser mártir: no puedo ser feliz con los ojos descubiertos, encontrándome en los Otros, en el terror de sus vidas y en mis miedos propios. Todavía eventualmente me dejo las uñas arañando a mi espalda la gravilla, pero ya nunca miro al frente, tan sólo hacia la hierba –allí no veo los límites ni salpica la sangre-. El escarabajo vaga entre las briznas ajeno a los otros mundos: no querrá ascender los muros ni expropiarán sus tierras, tal vez nadie lo pise ni se lo encuentre un ave.
Si amurallan el suelo quizás cierre los ojos –la oscuridad es insondable, no hay cercos que la opriman- y aunque me griten cobarde, quizás ya no los abra.
Si amurallan el suelo quizás cierre los ojos –la oscuridad es insondable, no hay cercos que la opriman- y aunque me griten cobarde, quizás ya no los abra.
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