lunes, 15 de agosto de 2011

Mariposas


Guardaba, pensaba, pequeñas mariposas en mi corazón abotargado. Mariposas deseosas de liberarse con un beso y volar hacia alguna mejilla cálida con un pequeño cachito de mi alma prendida de sus alas temblorosas. Que se acurrucaban, esperaban y huían velozmente desvaneciéndose al roce de los labios, o bien volaban cuando eran lanzados al aire, ateridas por el frío de la distancia hasta su destinatario. Y al llegar, como una burbuja, estallaban en una pequeña polvareda, un rastro fugaz de ternura que era absorbido por la piel, impregnándola de afecto, de dudas, de comprensión, o del mensaje que enviaras con ellas. Y sabía que, cuando retenía un beso, aleteaban furiosas acelerando mis latidos para exigirme que las soltara.


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