Me cuesta distinguir entre el no poder y el no querer,
la idea fugaz y el pensamiento,
la anhedonia y la ataraxia,
el amor y la utilidad.
Me cuesta identificar los criterios para valorar
si un dolor es suficientemente real,
suficientemente urgente,
suficientemente intenso.
Me cuesta describirte quién soy
y qué siento
y qué quiero
porque mi identidad es(tá) errática,
desubicada
allí,
ilusoriamente cerca de mi competencia;
en algún lugar entre la arbitrariedad
y la inconstancia.
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