jueves, 17 de mayo de 2012

Sueños



Cuando amaneció aquel jueves todo había cambiado: el dinero había volado de todas partes del mundo. Desapareció. Y desaparecieron las armas de todas las manos humanas, cedieron las cercas, muros, cerraduras y cajas fuertes y no había forma de arreglarlas. La gente estaba desconcertada. La antigua oligarquía ordenó a todo el ejército que oprimiera al pueblo, pero sin armas propias, promesas de riquezas o amenazas con la fuerza no había nada que pudieran ofrecerles. Todos los policías renunciaron a sus puestos. Todos los animales salieron a las calles: humanos con ovejas, vacas, cerdos y ratones corrieron como locos libres de sus jaulas, y ningún humano más volvió a explotarlos ni a explotarse. La tierra daba frutos en riquísima abundancia y -para sorpresa del mundo- ya sólo ella era fértil: murieron todos juntos, felices y de viejos. Y ya no quedó nadie.

Después me desperté.

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