martes, 10 de abril de 2012

Error 404

Por alguna extraña razón el sistema operativo cerebral se me cuelga un instante y al resucitar se junta una amalgama de sensaciones heterogéneas tan urgentemente mezcladas que están llenas de tropezones y grumos, posiblemente fruto de los repetidos clicks impacientes en nuevas ventanas que no respondían. Engullo sin digerir el cóctel, me entra la tos de la confusión entre faringe y laringe y es entonces cuando se me ralentiza el cerebro por la saturación de estímulos que todavía procesa –y que tardará tanto en procesar como una digestión de gluten y frutos secos.

El caso es que me quedo aturdida y el piloto automático se responsabiliza del mando mientras se desenvuelve la búsqueda de mi ego dondequiera que haya decidido esconderse del sobreexcitante mundo. Nunca recuerdo bien qué dice o qué responde, sólo confío en que actúe con coherencia y no me haya metido en líos cuando vuelva a reencontrarme en la superficie; pero esos momentos de mi vida no los siento, los pierdo en desorientaciones y cuando los pienso en retrospectiva aparecen borrosos y confusos como arrancados de un sueño.

Por lo demás, todo se vuelve extraño (de naturaleza y de ajenidad). Tan extraño que la única forma de volver a flote es aferrándome a un abrazo, un polvo, unas caricias sentidas, o en su defecto una conversación sincera en la que pueda abandonar los protocolos en el perchero y vomitar mi trastorno.


1 comentario:

  1. Me recuerda a los momentos de aturdimiento en situaciones sociales; es como dejar a tu cuerpo sin nadie al cargo mientras te metes en la mente & ojos de los demás. Un cuerpo andando así es normal que ande algo desorientado :).

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