
Por la carne y sangre presa tras tus ojos
de hematomas cordura, voz y cuerpo henchidos,
que no son tuyos los días al yugo sometidos
por la voracidad del hombre a tus despojos.
Que de nada sirven súplicas o enojos
cuando tu pelo es crespo y la voz sólo balidos
que desconoce el hombre, que tapa sus oídos
para no oír el llanto que causan sus antojos.
Cuando grabado a fuego llevas privación
de todo que cual mercancía no fuere valorarte
desde la sucia cuna a tu último estertor
no hay para ti dicha o piadosa exculpación
que en tu auschwitz animal puedas labrarte,
más que el gélido filo del tormento redentor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario