Espero en el andén, pero no estoy allí. Mi mente hiberna en algún lugar lejos de la estación, lejos incluso de mis realidades ilusorias, aguardando entre una niebla tan espesa como la de aquel amanecer. Me esfuerzo inconscientemente por demostrar mi estado ausente para evitar así conversaciones banales con los otros futuros pasajeros de mi tren. Y comienzo a ascender, hasta mi mundo. Te sueño desde los pies de tu cama, a pesar de que no quise verte para evitar la tentación de besarte por última vez. Pero te veo, ahora, tan real como aquella noche que fingía ser interminable; hecha un ovillo, con la sábana embrollada entre tus piernas y aferrada fuertemente al calor de la almohada. Siento celos de ella...y de las sábanas, aun cuando desprecias su abrigo; serpenteando cada noche entre tus piernas, entre el dulzor tibio de tus muslos, los mismos entre los que yo solía perder la noción del tiempo...

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