viernes, 21 de diciembre de 2012

Noche


Deambuló por las calles empedradas que en aquella noche parecían arroparla en el seno de su soledad glacial. La luz de las farolas se había convertido en un resplandor amorfo en la niebla, en aquellas últimas horas de noche en que la oscuridad te atrapa con más fuerza antes de diluirse. El aire helado la abrasaba en cada inspiración.

Aquella figura endeble se dejó caer en uno de los incómodos bancos de piedra que brotaban insólitos como setas pétreas en un bosque de hollín. Tan sólo unas sombras gatunas parecían sentirse cómodas bajo aquel cielo inhóspito y sin estrellas. Y ella. Ella, que ahora cedía al peso de sus miembros muertos desparramados sobre la fría superficie, y observaba atrapada en su coraza inútil cómo se devaluaba su cordura en cada aliento de ese veneno que mataba el suyo. Sin poder evitarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario