jueves, 22 de marzo de 2012

THC


Murmurios de verbas
que agariman brazos e coxas ascendendo os brotes de pelos ergueitos.
Fume.
Ardor.
Bóla de lume garduñando a gorxa no seu descenso
e perda do mando______________________________________________

El espacio se mueve de pronto y se vuelve inestable, húmedo, bamboleante. Me despersonalizo cercando mi voluntad en algún rincón incomunicado y desde allí sostengo un hilo hasta mi cuerpo elevado en esa otra dimensión del sueño. Llueve bajo la piel y se potencia el poder de mis yemas. Todo oscila.

Los recuerdos son como flashazos de nostalgia que te traen mediante el pasado a la posición que ocupas. Se solapan al tiempo presente como si la línea recta hasta la muerte fuera un eterno retorno: y tienes 8, y tienes 4, y tienes 13 –naces de nuevo a cada instante. Y recuerdas los bollos de pan y el zumo en la terraza las pegajosas tardes de agosto. Y la cuerda en la que te columpiabas cruzando el río en un decrépito árbol de esa aldea. El vaho del colacao caliente del desayuno lectivo que humedece la punta de tu nariz. El olor a talco de las tardes de ballet en las que cada semana conseguías una nueva canica. Y el de tabaco de pipa en la academia de pintura. Los palillos con los que la abuela hurgaba sus escasos dientes. Cada videojuego que me ayudaba a soportar un poco mejor la aburrida infancia. Los polvos prematuros e ilegítimos. Las heladas y ásperas manos ascendiendo entre mis pechos. Las gominolas. La hostia consagrada que casi vomitas a los pies del cura.

Todo se enciende y se apaga una y otra vez. En cada una de las paradas sólo puedes estacionarte 8 segundos. Hay un cariz de angustia en cada giro, como si fueran granos de un montículo de arena que pretendes retener en tus manos sin juntar los dedos. Y te preguntas hacia dónde se van – hacia dónde voy.

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