
17 de septiembre.
Refugiada al calor de una llama quimérica y titilante, con principios de hipotermia. El calor se me escapaba entre los dedos. Un extraño golpeó en la puerta con la aldaba y me arriesgué a abrir.
“¿Se puede?” preguntó con manos y bolsillos vacíos -quizás su cuerpo estuviera igual de aterido. “Puedes…” me dije más a mí que a ti, aflorando un poso de sublevación en mi mente sonámbula. Entraste sin intención de incendiar y me ofreciste lo que yo quisiera darte, y accedí, tras un preludio de miradas esquivas, a refugiarme bajo los arcos de aquellas pestañas que cercaban un cielo.
Y sin precintos sostuve tu mano bajo la vejez estacional de un sosegado octubre. Los días se sucedían con gamas de ocre y caoba, con el templado frescor de una mollizna.
Y por una vez, no esperaba nada.
Refugiada al calor de una llama quimérica y titilante, con principios de hipotermia. El calor se me escapaba entre los dedos. Un extraño golpeó en la puerta con la aldaba y me arriesgué a abrir.
“¿Se puede?” preguntó con manos y bolsillos vacíos -quizás su cuerpo estuviera igual de aterido. “Puedes…” me dije más a mí que a ti, aflorando un poso de sublevación en mi mente sonámbula. Entraste sin intención de incendiar y me ofreciste lo que yo quisiera darte, y accedí, tras un preludio de miradas esquivas, a refugiarme bajo los arcos de aquellas pestañas que cercaban un cielo.
Y sin precintos sostuve tu mano bajo la vejez estacional de un sosegado octubre. Los días se sucedían con gamas de ocre y caoba, con el templado frescor de una mollizna.
Y por una vez, no esperaba nada.
He de dejar por escrito que hoy he encontrado este blog, por suerte si es que existe, o el destino si queda algo de eso.
ResponderEliminarEl caso es que cada palabra escrita en este espacio tuyo es un tesoro. Me ha alegrado la noche -y espero que la mañana- leerte.
Vaya, me has subido la autoestima que no tengo xD me alegro de que te alegren mis letras, a mí al menos me ayudan a no empacharme de mutismo.
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