Sonríes y se me despeja la bruma, los miedos, las dudas, y hasta sin mirarte a la boca veo el arco en tus mejillas, en tu mirada entrañable. Me sonríes y te sonrío como devolviendo un bostezo, como un acto reflejo ineludible por la alegría que compartes conmigo. Y por un breve instante te veo feliz, sin tristeza, ni ansiedad, ni dolor de espalda, ni obsesiones, ni apatía. Te veo libre del miedo y del dolor y despejas los míos, aunque sólo sea un instante y aunque quizás sea mentira. Y agradezco a la vida, o al tiempo o a tus genes, que todavía sonrías.
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